Los
humanos cómo el resto de los seres vivos funcionamos a base de ciclos, desde
los muy sencillos a los muy complejos, ciclos que se construyen dentro de otros
mas grandes: el ciclo del agua, el ciclo del carbono, el ciclo del nitrógeno y
en si mismo el ciclo de la vida, aquel en el que uno nace, crece, se reproduce
si tiene uno suerte (o solo lo intenta con muchas ganas), y finalmente muere. Científicos
han estudiado el comportamiento de la materia y han llegado a conclusiones de
que los propios átomos con el paso de los eones se terminaran desintegrando, volviendo
el universo un gran espacio lleno de nada. Que al paso también de eones podría otra
vez tener algo siguiendo la misma pauta.
Entonces
no es raro el participar en estos ciclos, usarlos a nuestro favor cuando es
posible, o bajo nuestra óptica, el hacer los nuestros cómo en el caso del
calendario. Independientemente de su estructura, cada calendario hasta la fecha
a tenido su lugar debido a las necesidades especificas de sus pueblos (así como
sus consideraciones), por razones hasta cierto punto arbitrarias, hasta cierto
punto razonadas hoy usamos el calendario gregoriano cómo el referente mundial.
Así
que escribo esto el tercer día del primer mes del dosmilésimo decimo segundo
año de nuestra era.
Llego
a este con una calidad de salud aceptable, bien acompañado, algo amolado económicamente
y con cierta incertidumbre. Sobra un poco el decir que este año que paso fue el
ultimo en el que pude convivir con mi abuela Felipa, o ver a mi tío “Tolín”,
fue cómo todos lo años un año donde las perdidas marcaron a los vivos, ya sea
de manera fortuita o no.
Fue
el año donde nos enteramos de noticias espantosas, así como de otras más
amables, fue un año como la vida misma, un año en el que había que luchar. Fue un
año en el que vaya sea la frivolidad, disfrute realmente mi cumpleaños, fue el
año en el que pudimos cerrar con los amigos, en el que disfrute la compañía integra
de una gran mujer que estuvo junto a mi en las buenas, en las malas y en las
peores.
La
vida es dura, la vida es efímera, pero de todos los dones es el más grande.
El
2012 trae para todos un cuaderno en blanco en el cual escribir nuestra historia, llena de nuestros deseos,
de nuestros miedos, nuestras filias, nuestras necesidades, siempre a la expectativa
de algún evento imprevisto que nos cambie por un tiempo o de manera definitiva
nuestra comprensión del mundo.
Este
año también trae la “amenaza” de una antigua civilización, una elección presidencial,
pago de placas y demás impuestos anualizados. Nos trae posibilidades, citas,
reuniones y celebraciones.
Nos
trae un pesimismo tremendo, pero también nos llama a tener esperanza, a
entender que la forma en la que la vida se abrió paso fue luchando, prosperando
en lo adverso, en el unir lo mejor que tenemos para brindar un mejor mañana.
Pues
el mejor mañana, no es el resultado de un mágico programa de gobierno, el buen
mañana, es la pequeña lucha que todos hacemos, no nada mas por nosotros, si no
aquella que luchamos por alguien mas.
Aquella
puerta que le abrimos al que trae los
brazos ocupados, aquel chance que le damos al que lleva prisa, o esa vez que
dejamos al que solo va a pagar un producto
que lo pague primero. El ayudar al que se le quedo el carro tirado y aun
ni lo conoces.

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